LAS DELICIAS DE DOÑA MENCÍA

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Los nuevos Ministros son (los más) amigos míos o al menos lo eran cuando simples mortales. No sé si ahora, al verse empingorotados, querrán darse tono y charol conmigo. El de Estado, no obstante, se me muestra propicio y archi-benigno: es más fino que un coral y más dulce que una arropia. Me ha escrito diciéndome que quería enviarme a Roma, pero que Mazo no suelta la Legación a tres tirones, y que quería enviarme a Washington, pero que no sé qué poder misterioso o qué razón, que guarda con sigilo, no lo consiente. Promete después, vagamente, el oro y el moro, y me declara que él es la persona que más me quiere en toda la Península Ibérica. (Valera a De Greindl- Doña Mencía, 27 de octubre 1883).