Don Juan Valera y Doña Mencía - www.juanvalera.org

Religiosidad popular y Semana Santa Baena: Inventario de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Baena (Córdoba) en 1629.

Imprimir
imprimir
enviar a meneame.net
meneame

Publicado en Archivo Dominicano XXIV, Salamanca 2003 pp. 279-284.

El objeto de la presente exposición, es aportar un importante testimonio hasta ahora inédito, que acredita el fervor religioso de que era objeto Nuestra Señora del Rosario en tierras cordobesas a principios del Siglo XVII, concretamente en la villa señorial de Baena, que era una de las localidades más importantes del Ducado de Sessa[1].

La propagación de esta devoción en el territorio diocesano fue realizada por los hijos de Santo Domingo de Guzmán, que erigieron muchas hermandades con esta advocación, comenzando por la del Real convento de San Pablo de la antigua capital califal[2]. La mitra cordobesa también colaboró en su fomento, y el prelado fray Martín de Córdoba y Mendoza (1578-1581), dominico e hijo del conde de Cabra, acordó que en todas las parroquias de la diócesis se establecieran estas cofradías, autorizando a que actuara con este fin a fray Diego Núñez del Rosario, conventual en San Pedro Mártir de la población sevillana de Marchena[3].

Otro hecho que también influyó, fue que se atribuyó a la intervención milagrosa de la Virgen del Rosario, la victoria cristiana sobre los turcos la batalla de Lepanto (1571), pues coincidió el día de su derrota con la procesión que alabando a la Virgen le hizo la cofradía que con este título existía en Roma. Esta idea quedó reflejada, en los estatutos de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Doña Mencía, que tenía su sede canónica en el convento parroquia de Nuestra Señora de Consolación, y en los que se hace expresa referencia a su intercesión para conseguir el triunfo militar[4].

Desde los primeros años del Siglo XVI, la Orden de Predicadores tuvo una amplia presencia en Baena, a través del convento de religiosas de clausura de Madre de Dios erigido en 1510 y que aun subsiste, y el de frailes de Nuestra Señora de Guadalupe que nació en 1529. La creación de ambos tuvo lugar a instancias de la noble estirpe de los Fernández de Córdoba, que eran los titulares del señorío al que pertenecía Baena, y se enmarca en el proceso de expansión de los dominicos en el obispado de Córdoba durante los Siglos XV y XVI, que ha sido estudiada con rigor y detalle por Miura Andrades[5].

El de Nuestra Señora de Guadalupe fue fundando por don Pedro Fernández de Córdoba, hermano del cuarto conde de Cabra, conforme a unas bulas expedidas por Clemente VII, y se ubicó sobre la ermita de San Sebastián[6]. La oposición inicial del Cabildo de la Catedral de Córdoba a esta fundación, fue salvada durante el pontificado del dominico fray Juan de Toledo, quien consiguió de los canónigos la correspondiente autorización[7].

Virgen del Rosario

La Virgen del Rosario comenzando la estación de penitencia el Domingo de Resurección

Desde este cenobio, los dominicos difundieron aquellas devociones con las que estaban más vinculados, como eran la del Dulce Nombre de Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Pero hemos de tener presente que durante el Antiguo Régimen, motivaciones de índole económica hacían que el estamento eclesiástico potencie al máximo todo tipo de manifestaciones de religiosidad popular. Sin embargo, fue mucho más importante su impulso por parte de las ordenes religiosas mendicantes, representados Baena por dominicos y franciscanos, que por el clero secular que estaba desmotivado en su impulso y participación activa. Esta actitud era consecuencia de la seguridad económica que ofrecían a los eclesiásticos seculares las fábricas parroquiales, con sus ingresos más que suficientes provenientes de los diezmos que les correspondían, y las rentas de los bienes de su propiedad. Por el contrario, en las iglesias conventuales las ordenes religiosas promueven la fundación de cofradías, y fomentan el fervor religioso a determinadas advocaciones con fuerte raigambre local. De esta manera, vinculan el mayor numero posible de vecinos a estos templos, obteniendo recursos económicos más que suficientes para soportar los cuantiosos gastos derivados de su mantenimiento[8].

La fundación de la cofradía del Rosario, es inmediata a la creación del convento Nuestra Señora de Guadalupe, habiéndose acreditando con apoyatura documental más que suficiente este dato, así como la vitalidad y pujanza de esta hermandad desde el Antiguo Régimen hasta la actualidad[9].

Nosotros vamos a aportar un inventario de bienes fechado en 1629, que refleja la idea antes indicada, y que nos hace saber que ese año fue su mayordomo Juan Muñoz Padillo, sucediéndole Francisco López Montoro. De su lectura se deduce que el ajuar de la Virgen del Rosario era de mucho mérito y calidad, y que en parte procedía de donativos efectuados por muchos baenenses que eran sus devotos.

Se incluye el estandarte y andas que se utilizaban para las procesiones, los adornos para su altar, y otros muchos de oro y plata para las distintas funciones religiosas celebrabas en su honor, así como unas bacinetas con las que se recogían limosnas. De la existencia de estos ricos ornamentos, podemos deducir que todos los actos que organizaba su cofradía, estaban impregnados de los elementos estéticos barrocos[10]:

"En la uilla de Uaena en nueue ds del mes de agosto de mill y seiszientos y ueinte y nueue años: ante my el escriuano y ts Joan Muñoz Padillo, vezino de la uilla, mayordomo que a sido de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario desta uilla, digo que le tiene entregados uienes que la dicha Cofradía tiene a Pco López Montoro, vezino desta uilla, mayordomo que de presente es de la dicha Cofradía, y para ello haze ynuentario y le entrega los bienes sgtes:

Una cruz de hierro dorada que tiene a Nuestra Señora, Santo Domingo y San Pedro Mártir. Tres arcas de pino, las dos con su cerradura y la grande sin ella. Una manga de rraso carmesí y las colgaduras uerdes. Otra manga de cruz de tafetán negro. Quatro quizquez . Un estandarte de damasco carmesí con su cruz dorada, uorlas y hierro y bara. Un pauellon de las andas de primauera morada y ulanca con ueinte y una canpanilllas de plata. El estrado de las andas de raso carmesí y tafetán de primauera. Tres camisas de Nuestra Señora. Un rrosario de cristal engarzado en plata que tiene. Seis pares de puntas de acauache. Otros cañutos quentas de acauache ensartadas. Una uasquiña de tela de plata ulanca con ocho pasamanos de plata falsa, la delantera rrota. Otra uasquiña la delantera de raso bordada de plata y oro y la trasera de tafetán todo morado. Otra uasquiña que llaman de [...] Otra uasquiña de damasco leonado con dos franxones de plata y oro y seis rriuetes de terciopelo. Un juvón de rraso morado labrado con hilo de oro. Otro juvón de tela de plata azul celeste bordado con oro. Un uestido de rraso amarillo con rriuetes de terciopelo amarillo de desecho para frontal. Una saya negra de tafetán con quatro rromanos. Una rropa de tafetán ulanco con un pasamano de oro y plata. Una delantera de rraso amarillo guarnecida con lo mesmo. Unas mangas de tela de plata blancas falsa viexas. Otras mangas de tafetán atorcalado negro. Un corpiño negro de vurato. Un frontal de tafetán negro caydas y flecos de seda carmesí negra. Dos pares de manteles para el altar. Otros manteles que dio Catalina de Uilchez , uiuda de Joan Gómez Vela. Un manto de toca de seda ulanco con puntas de oro. Otro manto de seda de plata nueuo. Un cuello con puntas y puños todo de caza nueuo. Dos molleruelas de Nuestra Señora. Otro cuello con puntas de toca. Una toca con puntas. Otra toca llana uaretada. Una golilla de alamure. Una valona con punta de redes de caza. Un valona deshilada con sus puños todo con puntas y encaje y cantejas de plata. [...] Otra corona de plata nueua. Otra corona de uaqueta dorada. Dos gorgueras uiejas de red. Unos puños de caza con guarnición de seda azul. Otros puños ulancos con encages y puntas de pita. Otros puños de toca de red con puntas. Otros puños con encages y puntas de pita. Una redezilla de seda carmesí con una guarnición de oro a la redonda. Un valon de gasa con puntas grandes. Un valon y valonas de las manos con puntas de plata carmesí. Una toca con puntas encages de red que sirve de llevar en el plato para la ofrenda. Un manto de seda de media gala mediado. Una rropa de terciopelo negro. Unos puños de red azules. Otros puños de lo mesmo morados, los asientos laurados con seda. Tres uaquerizos del Niño Jesús, el uno de damasco carmesí y el otro de tafetán berde y el otro de tafetán ulanco y dos camisicas. Un Niño Jesús con un somurerico y un camisico. Dos ajorcas de bronce quebrada la una. Las andas de Nuestra Señora. Un uelo de rred de seda. Otro uelo de rred de hilo negro puesto en la capilla. Otro uelo de tafetán azul. Dos uarras de hierro en que están puestos. Una cortina de damasco carmesí que esta puesto en la tribuna de Nuestra Señora. [...] Dos uazinetas uiegas con la imagen de Nuestra Sra. Otro frontal que esta puesto en el altar amarillo. Una uasquiña de rraso amarilla que dio a Nuestra Señora doña Felipa de la Cruz, mujer de Juan Ortiz Nauarro con cinco pasamanos de plata. Una rropa y uasquiña de realzado cabellado y acul celeste, y la uasquiña con trece molinillos y la rropa con dos y un juuón de tela de plata y oro guarnecido y uotones de hilo de oro fino, que todo lo lleva la muxer de Grabriel Hafundo . El uestido digo del corte del uestido de Nuestra Señora en pieza de tela. Unas saluillas para traer el cuello de Nuestra Señora. Una lanpara de plata que esta puesta en la capilla. Otra lanpara de azofar vieja. Una toalla o vengala que mando a Nuestra Señora la Rrosa muger de Juan García Hornero. Unas mangas de tela de oro blancas finas".

primer plano

Primer plano de la Virgen del Rosario


[1] Los titulares del citado estado señorial eran una de las ramas de los Fernández de Córdoba, y su creación es paralela a la conquista del territorio a los nazaritas, extendiéndose por las poblaciones cordobesas de Cabra, Doña Mencía, Rute, Iznajar y Valenzuela.

[2] MORENO VALERO, MANUEL: Religiosidad popular en Córdoba en el Siglo XVIII. Cofradías del Santo Rosario. En Religiosidad Popular, Tomo III, Arthopos. Barcelona 1989, p. 485.

[3] ARANDA DONCEL, JUAN: La devoción a la Virgen del Socorro en Córdoba durante los Siglos XVII al XX. Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur. Córdoba 1998, p. 88.

[4] Archivo Parroquial de Doña Mencía. Cofradías. Estatutos de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario: "Nuestro Santísimo Padre Gregorio XIII por su motu propio, que comienza, Monte Apóstolus , manda que en todas las Iglesias a donde estubiere fundada esta Cofradía, todos los años, en el primer Domingo del mes de octubre, se celebre una solemnísima Fiesta, con nombre del Rosario, en memoria y agradecimiento perpetuo de la milagrosa Victoria, que Dios Ntro. Señor dio ese día al Pueblo Christiano, contra la Armada del Gran Turco, por la intercessión y méritos de la Soberana Virgen y por las oraciones de sus Cofrades, que en aquel domingo y a aquella hora, andaban en todas partes, con sus acostumbradas Procesiones, pidiendo a Dios por la exaltación de Nra . Fe Catholica y por la Victoria de la Iglesia; y por tanto manda Su Santidad que esta Fiesta, celebren los Hermanos del Rosario, sacando en solemnísima Procesión, a la Soberana Imagen de Nra . Señora del Rosario; haciendo en este día, todos los regozigos y Fiestas en honor y servicio de la Soberana Virgen y de Su Santísimo Rosario". Soy autor de un libro titulado " Religiosidad popular y Semana Santa en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía. Siglos XVI al XVII I", publicado en Córdoba por la editorial Vistalegre en el año 2003, en el que hago un detallado estudio de la devoción a Nuestra Señora del Rosario en esta población cordobesa, donde los dominicos ejercían funciones parroquiales.

[5] MIURA ANDRADES, JOSE MARIA: "Las fundaciones de la Orden de Predicadores en el reino de Córdoba". En Archivo Dominicano, Editorial San Esteban, n º IX (1988) pp. 267-372, y n º X (1989), pp. 231-389.

[6] VALVERDE Y PERALES, FRANCISCO: Historia de la Villa de Baena. Diputación Provincial de Córdoba 1982, p. 393. Hay otras dos ediciones de este libro, una de 1903 y otra de 1969.

[7] ARANDA DONCEL JUAN: Historia de la Semana Santa de Baena . Córdoba 1995. Andalucía Gráfica, pp. 41-42.

[8] Una excepción a esa regla general se daba en la vecina localidad de Doña Mencía, pues el convento de Santo Domingo además de ejercer como parroquia y cobrar por ello los emolumentos parroquiales, percibía por bulas apostólicas del Papa Martín V los diezmos y primicias, por lo que sus religiosos tenían más que asegurada su dotación económica. En mi citado libro, reflejo con detalle la razón de ser de estos privilegios, y los conflictos surgidos con los obispos de Córdoba por su defensa.

[9] ARANDA DONCEL JUAN: Historia de la Semana Santa de Baena. Córdoba 1995. Andalucía Gráfica, página 61. MESA PRIEGO ANTONIO: Historia de la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario y Santísimo Cristo Resucitado. Procedencia del Judío de Baena. Imprenta Juventud, Baena 2000. Este último autor acredita de forma fehaciente, la vitalidad de la devoción a Nuestra Señora del Rosario desde el Siglo XIX hasta la actualidad, a pesar de las dificultades que tuvo que soportar su cofradía tras la Desamortización de Mendizábal y durante la Guerra Civil.

[10] Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Protocolos Notariales de Baena, oficio 3b, Pedro de Comarcada 1629, Legajo 124, ff . 518-519.

Inicio     • Libro De Visitas     • Blog Antonio Cantero     • Enlaces     • Contacto   
© Antonio Cantero Muñoz