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La Semana Santa de Doña Mencia (Cordoba) durante el siglo XVII

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Publicado por Antonio Cantero Muñoz en Actas del IV Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa, pp. 211-223, Salamanca 2002.

INTRODUCCIÓN

La presente comunicación tiene por objeto, reflejar las notas que definen y caracterizan la Semana Santa de Doña Mencía durante el Siglo XVII. Si bien previamente, vamos a señalar la singularidad de la parroquia de Nuestra Señora de Consolación, con respecto a otras del territorio diocesano cordobés, en razón de su especial estatuto jurídico, que tenía su origen en los privilegios pontificios concedidos en 1419 por el Papa Martín V.

En 1487 se otorgó a los dominicos la posesión formal de la única parroquia de la localidad, el ejercicio del cuidado de almas con carácter exclusivo, y lo que es más importante, el derecho a percibir diezmos. La privatización de este impuesto a favor del convento de Santo Domingo, (en principio su cobro correspondía a la autoridad diocesana), dará lugar a un grado extremo de autonomía jurisdiccional con respecto a los Obispos de Córdoba[1], al considerar los dominicos que no estaban sujetos a la mitra cordobesa, siendo la causa de permanentes y continuos conflictos en distintas instancias jurídicas con la silla de Osio, que siempre se saldaron a su favor[2]. Además, en Doña Mencía nunca existió otro convento de ninguna orden religiosa. Por ello, los hijos de Santo Domingo de Guzmán, monopolizaron sin intervención del clero secular, casi todas las manifestaciones de religiosidad popular. Y sin tener en cuenta esta premisa, no se pueden entender plenamente el devenir de las indicadas manifestaciones religiosas.

Aranda Doncel señala los tres tipos característicos de cofradías penitenciales que se fundan en el Obispado de Córdoba, y las fechas a partir de las cuales tiene lugar su nacimiento[3]. Esta localidad cordobesa participa en líneas generales de este proceso, en cuanto a tiempos de fundación, y tipos de cofradías (Vera Cruz, Jesús Nazareno y Santo Sepulcro). Pero en razón de los privilegios pontificios que hemos mencionado, la singularidad de esta parroquia se manifestará en dos aspectos: en primer lugar, la autoridad ejercida por el convento de Santo Domingo sobre todas las cofradías mencianas, así como la promoción de aquellas advocaciones más vinculadas con la Orden de Predicadores.

Así, desde el último tercio del Siglo XVII, y por delegación del obispo de Córdoba don Francisco de Alarcón, corresponde en exclusiva al prior el control de todas las cofradías mencianas. Su intervención se extiende al proceso para la elección de hermano mayor, dación de cuentas ante notario, y proceder contra los cargos directivos o cualquier cofrade[4]:

"la Visita que se hizo en 3 de mayo de 1672, por el Licenciado Dn Francisco Craso, Visitador General que fue de este Obispado, por el Ylmo. Sor. Dn Francisco de Alarcón, se encarga a dicho Prior el cuidado de todas las Hermandades y Cofradías de esta Villa, que proceda contra los hermanos mayores, y cofrades de todas ellas, obligándoles a que dentro del término que le señalen haga cada una elección de hermano mayor y de oficiales, asistiendo a dichas elecciones, y presidiéndolas, y tomando las cuantas por ante Notario que dé de ello fee".

Toque de trompetas

Una imagen típica de la Semana Santa de Doña Mencía, el toque de las trompetas que acompañan a los pregoneros.

Con respecto al fomento de las advocaciones pasionistas más relacionadas con los dominicos, se promovió desde el púlpito de la iglesia conventual, la devoción al Santo Sepulcro o Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, que era un tema muy querido por los dominicos[5]. Esta imagen procesionaba el Viernes Santo, a cargo de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, que también estaba muy vinculada a los religiosos. Y no podemos olvidar que en la sociedad mediática de la Doña Mencía del Antiguo Régimen, era el medio de comunicación social de mayor audiencia y más convincente de todos.

Sobre la antigüedad y arraigo de la Semana Santa existe constancia de la misma por lo menos desde mediados del Siglo XVI, como resulta de la memoria perpetua fundada por el bachiller Hermosilla y su esposa Isabel Gómez, el 7 de mayo de 1548. La misma estaba dotada con varias misas rezadas y cantadas, y con la obligación de poner un cirio de cera delante del Santísimo Sacramento el Jueves Santo. Por tanto, nos hace saber de la celebración del Triduo Pascual a mediados del Siglo XVI, la instalación del Monumento al Santísimo en la Capilla Mayor , y la visita de los mencianos a la iglesia conventual durante los días de Semana Santa[6].

A través de otras mandas pías, también se refleja la fuerte devoción de que era objeto la Pasión de Jesucristo, siendo un indicador más del arraigo de las de las celebraciones relacionadas con la Semana Santa , en todos los estamentos sociales mencianos. Son muchos los testamentos que así lo acreditan, como el de María López otorgado el 25 de febrero de 1626[7]: "Item mando se digan dos misas de cuerpo presente a los clavos y Pasión de Nro Señor Jesuchristo".

Los sermones de Pasión eran unos de los referentes de estas celebraciones durante el Antiguo Régimen, y servían como complemento de los Santos Oficios, por su carácter narrativo y didáctico, siendo la vía de enseñanza de los misterios de la fe. Como recursos pedagógicos para conseguir estos objetivos, además de la plática del predicador, participaban en ellos algunas imágenes pasionistas (sería el caso del Descendimiento), y diversas figuras bíblicas. También los pregoneros o "resaores", que iban narrando la Pasión, y los trompeteros que hacían sonar sus singulares instrumentos de viento, siendo fiel reflejo del gusto de nuestros antepasados por la teatralización del culto religioso.

La Semana Santa de Doña Mencía conserva en la actualidad buena parte de tan preciado legado. Pienso que una de las razones de esta pervivencia, tiene su origen en que a pesar de ser prohibidos por los obispos de Córdoba durante el periodo comprendido desde 1741 a 1820, los dominicos fueron permisivos con estas manifestaciones de religiosidad popular, que han arraigado en la conciencia colectiva menciana, convirtiéndose en una seña de identidad propia.

Los desfiles penitenciales tenían lugar el Jueves Santo con la Vera Cruz, y el Viernes Santo, con las procesiones de Jesús Nazareno, y la del Entierro de Cristo. Sin embargo, las celebraciones comenzaban el Domingo de Ramos con la procesión de Palmas, en la que además de los vecinos participaba el Cabildo Municipal. Tenemos constancia documental de su celebración, por las cantidades satisfechas por el Ayuntamiento de Doña Mencía, para la adquisición de palmas, como refleja el acta capitular de 22 de abril de 1666[8]:

"Ciento y quarenta reales por cédula de primero de abril deste año, pagó a Pedro Roldán Rubio, Jurado que fue desta Villa, que se le dieron para las palmas que se trajeron para este Concejo para el Domingo de Ramos".

También participaba el Cabildo Municipal en otras celebraciones de Semana Santa, concretamente el Miércoles de Ceniza, Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo, así como el Domingo de Pascua de Resurrección. Los regidores tenían obligación de asistir a dichos actos, y habían de ir vestidos de negro para mayor esplendor y solemnidad de las mismas. De igual forma, aquellos que sin estar enfermos o ausentes no asistieran a los mismos, serían multados con 1.000 maravedíes, que se destinarían a la cofradía del Santísimo Sacramento, para sufragar los gastos de las fiestas del Corpus y su Octava[9].

cofrades

COFRADIA DE LA VERA CRUZ Y CRISTO DE LA COLUMNA

Desconocemos la fecha exacta de la fundación de la cofradía de la Vera Cruz , pero posiblemente tendría lugar a partir de la segunda mitad del Siglo XVI[10]. Sin embargo, tenemos muy escasas referencias documentales de la misma, debido a la práctica inexistencia de documentación notarial de Doña Mencía anterior a 1600, que es el periodo en el que estas cofradías gozan de mayor arraigo. Además, hemos de tener presente la promoción ejercida por los dominicos, de aquellas advocaciones más relacionadas con ellos, como era el caso de las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, frente a la Vera Cruz, que tradicionalmente estaban vinculada con los franciscanos.

A través de varias mandas pías, podemos acreditar la devoción de que era objeto la Vera Cruz[11]. Así lo refleja el testamento de María de Arévalo, otorgado el 19 de junio de 1644, al disponer una limosna a la cofradía de esta advocación[12]: "mando se dé limosna a cada Cofradía desta billa [...] la del Dulze Nombre de Jesús, y la de Nuestra Sra del Rosario, y la Santa Bera Cruz, y Nuestra Señora de los Sançtos".

En iguales términos, se expresa la última voluntad de don Juan de Alcalá Galiano, fechada el 17 de junio de 1680, donde se hacen algunos donativos de dinero a todas las cofradías penitenciales mencianas[13]:

"Asimismo mando a las demás Cofradías desta Villa cinquenta rreales, a la del Dulce Nombre de Jesús y Entierro de Cristo, y a la de Jesús Nazareno ciento, y otros cinquenta a la de Nra Sra del Rosario y Vera Cruz, y que todo lo referido se entrege a sus Hermanos mayores, escriviendo dichas limosnas en sus libros, con yntervenzion de dichos mis alvazeas, por quien se tomó recibvo para que conste su cumplimiento".

Como todas las cofradías penitenciales mencianas, la Vera Cruz tenía su residencia canónica en la parroquia. No sabemos que capilla ocupaba en la primera fábrica parroquial, si bien cuando se construyó la última entre 1737 y 1742, se ubicó en la del Sagrario[14]:

"Una Santa Cruz grande de madera, con remates de plata en los brazos y una corona de lo mismo con una estrella también de plata. Dos bandas para dicha Santa Cruz, una blanca con encaje de hilo, y otra negra de blonda. Esta Cruz también tiene unas andas de madera tallada para las procesiones".

El desfile procesional tenía lugar en la tarde noche del Jueves Santo, si bien junto a la Vera Cruz , también formaba parte del cortejo la imagen del Cristo de la Columna o de la Humildad[15]. La antigüedad y el arraigo de la veneración de que era objeto, se refleja en el testamento de Salvador Gómez, otorgado el 29 de agosto de 1677, al disponer una serie de donativos a determinadas cofradías e imágenes, entre las que se encuentra la del Cristo de la Columna[16]:

"mando a la Cofradía de Nra. Señora del Rosario dos reales de limosna, y dos al Santo Christo de la Humildad, uno a Nra Sra de los Santos, otro a Jesús Nazareno, otra al Dulze Nombre de Jesús, otro a las Animas Benditas del Purgatorio, y otro al Santo Sepulcro".

La devoción al Cristo de la Columna (Humildad), se acrecentó durante el Siglo XVIII, como resulta de la última voluntad de don Pedro Valera Roldán, que era un antepasado del escritor y diplomático Juan Valera, cuya familia era originaria de Doña Mencía[17]. Este testamento está fechado el 30 de junio de 1716, donando un velo de raso para el altar de esta imagen[18]: "Mando un belo de raso de media nobleza y un frontal de lo mismo para el Altar del Santo Christo de la Umildad , mi Señor, que estta en la Yglesia del Comuento de Sr. Santo Domingo desta Uilla".

Cuando se construyó la última fábrica parroquial de la Iglesia Dominicana a mediados del Siglo XVIII, la imagen del Cristo de la Columna (Humildad), disponía de su propia capilla, y estaba en la nave del Evangelio, junto a la de Santo Domingo de Guzmán[19].

Antes de la estación de penitencia, en la parroquia tenían lugar una serie de actos religiosos que eran preparatorios de la procesión, entre los que destaca el Sermón del Mandato. En el mismo, el predicador hacía saber al pueblo inculto e ignorante en los misterios y verdades de la fe, que Jesucristo aceptó la decisión de Dios de sufrir la vergüenza y escarnio de ser azotado por gentiles, derramando en la Sagrada Columna su sangre para redimir a la Humanidad.

Tenemos constancia de su existencia en la rica documentación conservada en el Archivo Histórico Nacional, que si bien se refiere al año 1775, presupone su existencia durante el Siglo XVII[20]:

"que en dicha Yglesia Parrochia, como única Yglesia, se haze la función entre otras de la del Santo Entierro de Christo [...] y en quanto a escaños, además de los que ay en la Yglesia el día Juebes, se traen otros particulares, que sirven para los Oficios de dicho día, y Ermandad de la Vera Cruz".

Cristo de la columna

Efigie del Cristo de la Columna, que sustituyó a la que con la misma advocación procesionaba con la cofradía de la Vera Cruz.

COFRADIA DEL DULCE NOMBRE DE JESUS Y ENTIERRO DE CRISTO

En el obispado de Córdoba, el proceso de fundación de las cofradías del Entierro de Cristo o Santo Sepulcro, comienza durante el último tercio del Siglo XVI, generalizándose en los años siguientes. Si bien en algunas localidades, el desfile procesional del Santo Sepulcro correrá a cargo de cofradías que no tienen títulos pasionistas, pero que serán penitenciales al participar disciplinantes[21]. Este sería el caso de Doña Mencía, como resulta de una manda pía contenida en el tercer codicilo de Jerónima de León, otorgado el 12 de diciembre de 1682[22]: "Mando al Dulce Nombre de Jesús para el Santo Sepulcro una sobrecama que tengo encarnada y pálica, y que se le dé a su Mayordomo luego que yo fallezca".

En otras poblaciones, la Orden de Predicadores aprovechó la existencia de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, antes que crear una nueva penitencial, para estar presente en la Semana Santa , que en muchas veces era monopolizada por los franciscanos con las cofradías de la Vera Cruz. En Doña Mencía, hemos visto como acaparaban casi todas las manifestaciones de religiosidad popular, incluida la Semana Santa. Por tanto, podían organizarlas y sus procesiones como les viniera en gana, sin tener que "competir" con otra orden religiosa ni con el clero secular.

Y la razón que explica que eligieran la cofradía del Dulce Nombre de Jesús para procesionar el Santo Sepulcro, venía determinado por ser la Soledad, la advocación pasionista mariana que correspondía al Santo Sepulcro. Además, existe una relación muy directa entre el Dulce Nombre de Jesús y la Soledad de María, que viene recogida en el Evangelio de San Lucas[23]. Y deriva de la asociación de ideas de la soledad del Niño Jesús perdido en el Templo por tres días, y la Soledad de la Madre de Dios a la muerte de su Hijo, hasta la Resurrección transcurridos también tres días.

De todo lo expuesto, se deduce el arraigo y antigüedad de la devoción al Santo Sepulcro o las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, que se manifiesta de forma harto elocuente en multitud de mandas pías, ofrecidas a cualquiera de estas dos advocaciones. Así resulta de la memoria perpetua erigida por Francisco López Ballesteros, en su testamento fechado el 22 de octubre de 1576[24]. Esta fundación estaba dotada con la celebración de varias misas, entre las que se incluyen varias rezadas dedicadas a las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo:

"una cláusula del testamento de Francisco López Ballesteros, por la que mandó una Memoria Perpetua de cinco Misas Resadas a las Cinco Llagas de Nro. Sor. Jesuchristo, una fiesta de Misas, Vísperas a Señora Sta. Ana en este Combento Parrochia, por el ánima de María López su primera muger, y por su limosna mandó se pagasen ocho reales".

Ya nos hemos referido a la gran veneración que Jerónima León profesaba al Santo Sepulcro, y que se refleja no solo en el donativo antes trascrito, pues también pidió al escribano que estaba recogiendo sus últimas voluntades, que dejará constancia en su codicilo de una preciosa oración, que contiene una referencia expresa al Sermón del Descendimiento[25]:

"pido al presente Escrivano escriva y siente en el la oración de la Savana Santa , diziendo así = Dios que nos dejaste las señales de tu Pasión en la Sabana Santa en la qual fue enbuelto tu cuerpo santísimo, quando por Josep fue bajado de la Cruz, concédenos piadosísimo Señor que por tu muerte y sepultura seamos llevados a la Gloria de la Resurrección , donde vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos, Amén".

Este sermón tenía lugar en la Capilla Mayor de la iglesia conventual, y fue muy promocionado por el Concilio de Trento frente a las teorías protestantes. Con el se pretendía enseñar con recursos visuales, al proceder al desenclavamiento e introducción en la urna funeraria de la imagen de Jesús, que una vez que Cristo muere en la cruz, su dimensión divina sigue unida a su cuerpo (llagado por la Pasión y enterrado en el sepulcro), como a su alma, aunque cuerpo y alma estuvieran separados.

La antigüedad del Sermón del Descendimiento resulta de la propia imagen del Santo Sepulcro, que tiene sus brazos articulados[26]. Por documentación procedente del Consejo de Castilla, esta acreditada su existencia durante el Siglo XVIII, lo que nos hace presuponer la misma durante el XVII[27]:

"en dicha Yglesia Parrochial como única Yglesia, se haze la función entre otras la del Santo Entierro de Christo, y que no saven sea Ermandad constituida con autoridad apostólica, ni ordinaria, que es solo una dovozion antiguada en esta villa: y que sus vezinos, que el que quiere se encarga a hacer y disponer este Sto. Culto, combidando a las personas que quiera y son de su voluntad, y que sin embargo en diocha función concurren todas las demás personas que quieran, con la distinción que en encargado les da cera a los combidados y a los demás, y muchos la traen de sus casas".

descendimiento

Representación del Descendimiento en la década de los años 50 del siglo pasado.

COFRADIA DE JESUS NAZARENO

Las cofradías penitenciales con esta advocación tendrían mayor arraigo popular, por el intenso fervor que siempre ha despertado Jesús Nazareno en todo el territorio andaluz[28]. Una de las primeras referencias sobre el culto a esta imagen, resulta de la última voluntad de Francisco López de Jorge fechada el 13 de agosto de 1620[29], como resulta de la siguiente cláusula: "Yten mando se digan por mi ánima una Misa a Jesús de Naçareno". A partir de esta fecha, son constantes las mandas pías similares, como refleja el primer testamento de la beata Francisca de San Jerónimo, otorgado el 26 de julio de 1622[30]. En el mismo, se dona un velo para el ajuar de esta imagen: "Ytem mando que se dé de mis vienes dos ducados para un velo a Xesus Nazareno, y lo paguen en Misas mis albaceas de mis vienes luego que yo fallezca, a cuyo cargo an de hacerlo".

Antigua imagen de Jesús Nazareno.

No sabemos la fecha exacta de la fundación de la cofradía de Jesús Nazareno, pero tenemos constancia de la misma en 1634, lo que supone que su existencia sería anterior. Lo indicado resulta del testamento de Juan Jiménez de Córdoba, otorgado en 1634[31], al acordar un donativo de dos ducados y dos reales a esta cofradía penitencial. Existen otros testimonios que acreditan el fervor que despertaba la imagen del Nazareno. Pues la cofradía que le daba culto, además de su estación de penitencia, participaba en importantes manifestaciones de religiosidad popular de indudable relevancia social, como resulta del examen del Cabildo Municipal de 30 de marzo de 1659. En el mismo se acuerda el pago por el Ayuntamiento, de los gastos ocasionados por lutos y misas por el ánima del Duque de Sessa, don Antonio Fernández de Córdoba y Aragón, que era el señor de la villa, participando en los actos organizados por tal motivo las cofradías del Rosario y Jesús Nazareno[32].

Hermano de Cruz, de la cofradía del Nazareno.

Tenemos varios testimonios documentales referentes a esta cofradía, y que son indicadores de la suntuosidad barroca, que era una de las notas más características de la Semana Santa a partir de la segunda mitad del Siglo XVII[33]. Los desfiles procesionales se acompañan de lujosos ornamentos, que les dan boato y esplendor, y también son expresión de la vitalidad y pujanza del movimiento cofrade.

Así, ricos mantos cuajados de estrellas de plata realzan a la Virgen de la Soledad (Dolores), que acompañaba a la imagen de Jesús Nazareno en la mañana del Viernes Santo. Como resulta del testamento de don Juan de Alcalá Galiano, otorgado el 17 de junio de 1680, que también es una muestra de la tradicional vinculación de su familia con la cofradía de Jesús Nazareno[34]:

"Mando de mis vienes y hazienda se haga un manto de terciopelo liso negro con sus puntas de plata u oro para Nra. Señora de la Soledad , que sale en la Cofradía de Nro. Padre Jesús de Nazareno, el Viernes Santo por la mañana, a la qual la mando de limosna y que se entregue a su Hermano Maior, y se ponga por libro la persona por quanto se da, para que en todo tiempo conste la mucha deboción que siempre e tenido y tengo a dicha Cofradía, a la qual tengo dado assimismo dos cordones de seda, y hilo de oro con su ojuela para la ymagen de Nro. Padre Jesús".

Un palio con sus varas de plata, era otro adorno que también daba magnificencia a la estación de penitencia de Jesús Nazareno, y que iba a ser adquirido con los donativos de muchos cofrades. Así resulta de la última voluntad de don Tomás Jacinto Roldán Galiano, fechada el 26 de junio de 1712, al disponer la venta de un asno para destinar su importe como ayuda económica para adquirir el indicado palio[35]: "Mando una jumenta parda oscura que tengo, se venda y su valor se dé de limosna a la Cofradía de Jesús Nazareno, para auida a unas varas de plata para su palio".

Una nota que diferenciaba a la cofradía de Jesús Nazareno, con respecto a la Vera Cruz y Entierro de Cristo, era la disciplina pública de sus cofrades, que consistía portar pesadas cruces de madera durante la procesión. Tenemos constancia de este tipo de penitencia por parte de los hermanos de cruz, que era una de las hermandades que formaban parte de esta cofradía. Así lo indica una manda pía que aparece en el testamento de Cristóbal de Córdoba, otorgado el 6 de octubre de 1684: "Mando se den dos reales para una Misa por el alma de Pedro López difunto, por la Hermandad de Cruces que pertenecen a la cofradía de Jesús Nazareno el biernes Santo".

 

Esta acreditada la existencia de figuras bíblicas en la cofradía de Jesús Nazareno en el último tercio del Siglo XVII, que es otro de los elementos barrocos más característicos, que estaban presentes en la Semana Santa. El testamento de Francisco García otorgado el 12 de diciembre de 1675[36], además de hacer saber el color morado de las túnicas de los nazarenos, nos informa de la presencia de los Evangelistas en esta cofradía, lo que presupone también la de los Apóstoles en esta misma fecha:

"Mando a la Cofradía de Jesús Nazareno desta Villa los recaudos con los que salgo el biernes Santo al ser Evangelista, que son un rostro y un atril, porque así es mi voluntad, lo qual se le entregue luego que yo fallezca al Hermano Mayor que fuere desta Cofradía, menos una túnica morada que es con la que me han de enterrar".

Por último nos tenemos que referir a la vinculación de la imagen del Nazareno con la linajuda familia de los Alcalá Galiano, que al igual que los Valera, eran naturales de esta población cordobesa. Ya vimos como un destacado miembro de esta estirpe, concretamente don Juan de Alcalá Galiano, que era familiar del Santo Oficio de la Inquisición y tesorero del duque de Sessa, hizo en 1680 un importante donativo a esta imagen pasionista. Su nieto, don Juan de Alcalá Galiano Flores y Calderón, que era caballero de Santiago y sería el primer marqués de la Paniega , se convirtió en patrono de la capilla de Jesús Nazareno que se construyó en la nueva fábrica parroquial edificada entre 1737 y 1742[37], dotando a la misma con una memoria perpetua de una misa cantada que se celebraría el día de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre):

"Don Juan Alcalá Galiano Florez [...] Al dicho y sus sucesores se concedió por la Comunidad la Capilla y Camarín de Nro. Pe Jesús, con enterramiento y pusiese escaño para si y sus descendientes con tapa y llave = para el y los suyos. Dio para la fábrica del dicho Camarín mil y cien reales, y quedó con la obligación de mantener perpetuamente el Altar de manteles, candeleros, frontal, velo, y demás precio al mayor lucimiento. Y fundó una Memoria Cantada con Responso el día 14 de septiembre, poniendo el Convento la Cruz Alta y dos hachas sobre su bóveda, y la dotó con quince reales".

En la petición formulada por el caballero de Santiago a los dominicos, para que se le cediera la citada capilla, solicitaba "que ha de poner para mayor decencia de la Capilla una verja de hierro para evitar el atropellamiento del passo"[38]. Y esta súplica, que no fue aceptada por los hijos de Santo Domingo de Guzmán, es un indicador más de la fuerte devoción que entre todos los mencianos despertaba la imagen de Jesús Nazareno.

Según el Diccionario de Autoridades, la acepción passo significa la efigie que procesiona en Semana Santa, y llevan las cofradías en unas andas. Y atropellamiento es sinónimo de empujar con cierta violencia para poder abrirse paso, debido a la multitud personas allí congregadas en la madrugada del Viernes Santo. Penitentes con sus pesadas cruces de madera, hermanos de luz, Apóstoles, Evangelistas, el prior del Convento con los frailes dominicos, los cargos de la cofradía, y el Cabildo Municipal, amén de muchos mencianos que también acompañaban la procesión.

La Virgen de los Dolores


[1] MUÑOZ DUEÑAS M ª D.: El Diezmo en el Obispado de Córdoba. Córdoba 1988, p. 105.

[2] CANTERO, J: Compendio Histórico del Convento de Nuestra Señora de Consolación del Orden de Predicadores de la Villa de Doña Mencía en el Reyno de Córdoba: de sus particulares privilegios, y de sus principales pleitos que se han seguido en su defensa. Córdoba 1801. Desde la página 36 a la 78 se narra con detalle los pleitos entablados por el convento en defensa de sus privilegios.

[3] ARANDA DONCEL, J.: Evolución histórica de la Semana Santa en los pueblos En Semana Santa en los pueblos cordobeses, p. 11 y ss. Córdoba 1990.

[4] (A)rchivo (H)istórico (N)acional. Consejos, Legajo 15786. Se trata de un pleito entablado en 1796 entre don Juan Pedro Muñoz, que desempeñaba el cargo de vicario de Doña Mencía, contra los indicados privilegios pontificios de la parroquia de Nuestra Señora de Consolación. La documentación que forma parte del mismo nos aporta valiosos datos sobre el origen de los mismos, que explican este carácter dual de esta institución religiosa, que si bien era un convento, ejercía funciones parroquiales en la localidad.

[5] LAZARO DAMAS, S.: El protagonismo de las órdenes religiosas en la difusión de la iconografía. En Semana Santa en la Provincia de Jaén. Sevilla 1992, p. 17.

[6] (A)rchivo (C)atedral de (C)órdoba. Protocolo de la Hacienda deste Convento de Doña Mencía, bullas y breves y otros recaudos tocantes al dicho Convento y su antigüedad, que se hallará en el discurso deste Libro, y cada cosa dellas con el número que cada escritura señalare, f. 9 v.

[7] (A)rchivo (H)istorico (P)rovincial (C)ordoba. (P)rotocolos Notariales (D)oña (M)encía. Miguel de Aguilar 1626, Legajo 7918.

[8] (A)rchivo (H)istórico (M)unicipal (D)oña (M)encía. Actas Capitulares, Caja 2. En iguales términos se expresa el Cabildo celebrado el 4 de agosto de 1677, que acordó abonar a Sebastián de Montes 50 reales por traer las palmas desde la ciudad de Granada: "cinquenta reales que en birtud de cédula su fha de catorce de março pasado deste año, parece entregó a Sebastián de Montes, becino desta Villa para trajese de la ciudad de Granada palmas para esta villa para el Domingo de Ramos".

[9] AHMDM. Actas Capitulares, Caja 2. Cabildo de 8 de julio de 1725.

[10] ARANDA DONCEL, J.: Semana Santa de Doña Mencía. En La Pasión de Córdoba, Tomo V, Sevilla 2000 p.149. Estas cofradías comenzaron a erigirse en el obispado de Córdoba, durante el pontificado de don Leopoldo de Austria (1541-1557).

[11] Apenas he encontrado documentación que proceda directamente de cofradías penitenciales. Pienso que el transcurso del tiempo, los procesos desamortizaciones, y el expolio por parte de desaprensivos explican esta situación. Por ello he recurrido a las disposiciones de última voluntad, que durante el Antiguo Régimen eran algo más que un acto jurídico que se limitaba a distribuir los bienes de los testadores entre sus herederos. Del examen de las mismas, podemos deducir conclusiones generales sobre conductas religiosas, sentimientos y devociones personales de los testadores, así como reflejar la geografía religiosa de una localidad, siendo extensibles a toda la sociedad del lugar donde se otorgan.

[12] AHPC. PNDM. Andrés Roldán 1644, Legajo 7928, f . 59 r.

[13] AHN. Ordenes Militares. Santiago. Legajo 234. Expediente de Don Juan José Alcalá Galiano Benegas de Saabedra. Se trata de un traslado del testamento del bisabuelo del pretendiente.

[14] (A)rchivo (P)arroquial (D)oña (M)encía. Inventarios. Inventario 1860, f . 11 r.

[15] Aunque tenía esta doble advocación, se trataba de la misma imagen. La primera constancia documental de su existencia es del último tercio del Siglo XVII, si bien a partir del Siglo XIX aparece con el nombre de Cristo de la Columna. Corrió la misma suerte que todas las efigies y enseres que se encontraban dentro de la antigua Iglesia Dominicana, quedando destruida por el incendio que asoló la misma el 14 de septiembre de 1932. En los años cuarenta del Siglo XX, fue adquirida otra imagen con esta misma advocación por parte de don Francisco Priego Jiménez, que hacía su desfile procesional junto con la Hermandad de los Virgen de los Dolores. En 1980 se fundó la cofradía del Santísimo Cristo de la Columna, desempeñando en la actualidad el cargo de hermano mayor doña María Purificación Baena Rasero.

[16] AHPC. PNDM. Pedro Ruiz de Alguacil 1677, Legajo 8009

[17] SANCHEZ MOHEDANO, G.: "Don Juan Valera y Doña Mencía". Córdoba 1948. En esta obra se pone de manifiesto que a pesar de que Juan Valera nació en Cabra, su familia era natural de Doña Mencía, y refleja como buena parte de sus novelas tienen como punto de referencia Doña Mencía o sus vecinos.

[18] AHMDM, Documentos Civiles Caja 185.

[19] Tenemos constancia documental de la existencia de la capilla del Cristo de la Columna (Humildad), por la donación que hicieron los dominicos de la de Santo Domingo de Guzmán, al presbítero don Juan Santos Valera Roldán en 1742, en la que se menciona al delimitarla espacialmente. AHPC, PNDM Mateo Gómez Moreno 1742, Legajo 8035: "dan y donan a dicho Señor Don Juan Santos Balera la dicha Capilla y entierro que se entiende por lo que toca a sitio para su familia y de sus subsesores, toda la trada que a hecho de jaspe y buelta, que da al arco de la Capilla por uno y otro lado, y lo que corresponde vajando a la Capilla del Santo Christo de la Umildad".

[20] AHN. Consejos, Legajo 643.

[21] ARANDA DONCEL, J.: "Las Cofradías del Santo Entierro en la Diócesis de Córdoba durante los Siglos XVI al XIX. En Actas del Tercer Encuentro para el estudio cofradiero: En torno al Santo Sepulcro. Zamora 1995, p. 141 y ss.

[22] AHPC. PNDM. Mateo Gómez Moreno 1683, Legajo 7950, f . 180 y ss.

[23] Evangelio de San Lucas, Capítulo II, (43-50).

[24] APDM. Memorias, Caja 2 ª, Memoria n º 40.

[25] La cofradía del Santo Sepulcro y María Santísima del Amor ha continuado representando el Sermón del Descendimiento con la primitiva imagen del Santo Sepulcro, que al estar en un domicilio particular cuando fue incendiada la iglesia parroquial en 1932 se ha conservado. Y desde el año 2000, la citada cofradía ha recuperado para este entrañable acto la indicada oración, a la que se da lectura por los asistentes al comenzar el mismo.

[26] No sabemos la fecha exacta de adquisición, por parte de la cofradía del Dulce Nombre de la imagen del Santo Sepulcro. Un informe técnico del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de 1996, nos hace saber de la falta de correspondencia entre los estratos pictóricos del cuerpo y los de los brazos, por ser estos posteriores a la ejecución de la obra, puesto que entre las distintas policromía que tiene la imagen, solo existe igualdad entre las dos últimas. También se indica que su autor es anónimo y fechada en el Siglo XVII. Pienso que no sería de extrañar que esta efigie fuera en su origen un Crucificado de mediados del Siglo XVI, y fue modificado para poder participar en el Descendimiento, que fue muy promocionado por el Concilio de Trento.

[27] AHN. Consejos Legajo 643. Se trata de un pleito fechado en 1775, pero que nos hace saber de la antigüedad del Sermón del Descendimiento en Doña Mencía.

[28] MORENO NAVARRO, I.: Las hermandades andaluzas como referentes de identificación colectiva, y la jerarquía eclesiástica: pasado y presente. En Religión y Cultura, Sevilla 1999. Tomo I, p. 337. Este autor señala, que el antropocentrismo andaluz da lugar a que las imágenes de Cristos yacentes no gocen de mucha veneración, más allá de los componentes de la cofradía respectiva, cualquiera que sea la calidad artística de estas esculturas. En cambio, la proyección a la dimensión religiosa de la fuerte humanización de las relaciones interpersonales, facilita mucho con quien presencia o forma parte de una cofradía de Jesús Nazareno, que pueda fácilmente conversar y comunicarse de manera íntima con la imagen de esta advocación. Además, Aroca Lara señala es muy fácil entender la identificación personal entre quien ve la desgarrada imagen de Jesús Nazareno con la pesada cruz a cuestas camino del Calvario, con las dificultades y tropiezos que todos tenemos en la vida cotidiana, pues quien más que menos arrastra su propia cruz. (AROCA LARA, A.: Iconografía de las imágenes. En Semana Santa en los pueblos cordobeses. Córdoba 1990, p. 42.)

[29] AHPC. PNDM. Miguel de Aguilar 1620, Legajo 7013, f . 417 v.

[30] AHPC. PNDM. Miguel de Aguilar 1622, Legajo 7914, s/f.

[31] AHPC. PNDM. Miguel de Aguilar 1634, Legajo 7921, f . 144 v.

[32] AHMDM. Actas Capitulares, Caja 1. "Ajustose por este Cavildo la costa que an tenido el hacer los lutos por la muerte del Exmo Señor Don Antonio Fernández de Córdova y Aragón, Duque de Sessa & mi Señor, que santa gloria aia, y parece que monta la Baieta siguiente: [...] ansimismo se ajustaron los gastos fhos en la Missa y Vigilia que por el ánima del Duque mi Sr, que Sancta gloria aia, que montaron sesenta y seis reales, que se gastaron en esta forma: Diez y ocho reales a Mateo Borrallo que montó la cera que dio la Cofradía de Nra. Sra del Rosario = quatro reales a Lucas de Vera por la zera que dio la Cofradía de Jesús de Nazareno".

[33] ARANDA DONCEL, J.: Semana Santa en Doña Mencía. En La Pasión de Córdoba. Sevilla 2000, Tomo V, p. 149.

[34] AHN. Ordenes Militares, Santiago, Legajo 234. Expediente de Don Juan José de Alcalá Galiano Benegas de Saabedra.

[35] AHPC. PNDM. Juan Galiano Moreno 1712, Legajo 8021, f. 56 r.

[36] AHPC. PNDM. Pedro Ruiz de Alguacil 1675, Legajo 8007, f. 3 r.

[37] ACC. Relación de las Memorias Perpetuas de Misas Cantadas y Resadas que están fundadas y dotadas en este Convento Parroquia de Nra Sr. de Consolación, según la razón que con la más exquisita diligencia se ha podido sacar de los Protocolos escripturas y papeles que se hallan en su Archivo. Ponénse según el orden de la Tabla que vino de Roma en la Reducción hecha con Autoridad Apostólica en el año de 1730, y después las posteriormente fundadasf. 84 r.

[38] AHPC. PNDM. Legajo 8035, f. 175 v.

 
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