EL SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS Y DESCENDIMIENTO POR LA COFRADÍA DEL SANTO SEPULCRO DURANTE LA EDAD MODERNA

 en Religiosidad Popular
 Publicado por Antonio Cantero Muñoz en Motril Cofrade 2008

INTRODUCCIÓN

Esta exposición tiene por objeto reflejar datos históricos importantes de lo que entiendo el acto más emblemático de la Semana Santa de la localidad cordobesa de Doña Mencía, como es el Sermón de las Siete Palabras y el Descendimiento, así como de la cofradía del Santo Sepulcro, que desde hace más de cuatro siglos es la responsable de su organización.

NOTAS HISTÓRICAS SOBRE LA COFRADÍA DEL SANTO SEPULCRO

Al ser la cofradía del Santo Sepulcro la que siempre ha organizado el Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, vamos a realizar unas referencias sobre su historia y su vinculación con los dominicos.

Para realizar cualquier análisis de las manifestaciones de religiosidad popular en Doña Mencía, debemos tener siempre muy presente la importancia de la Orden de Predicadores durante la Edad Moderna, por cuanto por privilegios pontificios otorgados por Martín V e Inocencio VIII durante el siglo XV, los hijos de Santo Domingo de Guzmán estaban facultados para ejercer el cuidado de almas como párrocos y cobrar los diezmos, dando lugar a un grado extremo de autonomía jurisdiccional con respecto a la silla de Osio1.

La primera cuestión que nos tenemos que plantear es la razón que explica que la cofradía del Dulce Nombre de Jesús, cuya advocación no es pasionista, realizara un desfile penitencial, situación que también se dio en varias localidades cordobesas2, donde los dominicos aprovecharon la existencia de las hermandades del Dulce Nombre para estar presentes en la Semana Santa, que en muchos lugares era controlada por los franciscanos con las cofradías de la Vera Cruz.

Pero en Doña Mencía la situación era bien distinta, pues los dominicos monopolizaban todas las manifestaciones de religiosidad popular, no había clero secular ejerciendo cuidado de almas, y tampoco estaban presentes otras órdenes religiosas, y por tanto podían organizar las cofradías penitenciales y las procesiones como quisieran, sin tener que “competir” con otra orden religiosa.

Esto exige referirnos al origen de la devoción al Dulce Nombre de Jesús y su vinculación con la Orden de Predicadores. El nexo de unión se remonta al pontificado de Gregorio X (1271-1276), pues durante el Concilio de Lyon, celebrado en esta ciudad francesa durante 1674, se dictó una bula de desagravio con el fin acabar con las blasfemias y juramentos proferidos contra el Dulce Nombre de Jesús. Y se encomendó a estos religiosos que extendieran su culto a través de la predicación, monopolizando esta devoción. Por ello, en todos sus conventos existía una capilla o altar dedicado al Dulce Nombre, y es fácil deducir que desde fechas tempranas, y con anterioridad a la existencia de las procesiones de penitencia, existiera una cofradía con esta advocación.

Como botón de muestra que acredita el fervor que suscitaba en Doña Mencía la advocación del Dulce Nombre, aportamos una manda pía de Benita Fernández, fechada el 13 de marzo de 16053: “Yten mando se digan por mi ánima una misa a el Nombre de Jesús Reçada y otra a San Jazinto reçada”. De igual forma actuó Alonso de Arévalo, en su postrera voluntad de 26 de septiembre de 16224: “Yten para la del Sacramento un rreal, y a Nra Sª del Rosario otro. A la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús un rreal”.

La primera referencia que por ahora hemos localizado, en que aparece la cofradía con la advocación de Santo Sepulcro es el testamento de Alfonso Ruiz León, fechado el 14 de mayo de 16745:

Mando se dé de limosna a la cofradía del Santo Sepulcro seis reales; y asimismo mando se dé quatro reales que deuo a la dicha cofradía; los dos de mi entrada a ser hermano, y los otros dos de la entrada de Pedro Polo”.

Otro testimonio elocuente es el don Juan Alcalá Galiano otorgado el 17 de junio de 16806 que dispuso donativos a varias cofradías, entre las que se incluye la del Dulce Nombre. Este menciano, además de antepasado del escritor y diplomático don Juan Valera7, gozaba de indudable relevancia social por entonces, pues era familiar del Santo Oficio, hermano mayor de la cofradía del Santísimo Sacramento y tesorero de rentas del duque de Sessa:

Asimismo mando a las demás cofradías desta villa cinquenta reales, a la del Dulce Nombre de Jesús y Entierro de Christo, y a la de Jesús Nazareno ciento; otros cinquenta la de Nra Sra del Rosario y Vera Cruz, y que todo lo referido se entregue a sus Hermanos Mayores, escribiendo dichas limosnas en sus Libros, con intervención de dichos mis albaceas, por quien se tome recibo para que conste de su cumplimiento”.

Y la razón de que esta cofradía, cuyo título no era pasionista, fuera la encargada de la organización de la estación de penitencia, venía determinado por ser la Soledad de María la advocación pasionista mariana que le corresponde al Santo Sepulcro, por existir entre ambas una relación muy directa. Y aparece reflejada en el Evangelio de San Lucas, y deriva de la asociación de ideas, de la soledad del Niño Jesús perdido en el Templo por tres días, y la soledad de la Virgen a la muerte de su Hijo, hasta la Resurrección transcurridos tres días8.

Este hecho queda acreditado en el tercer codicilo de Jerónima de León, otorgado el 12 de diciembre de 1682, al donar a la del Dulce Nombre de Jesús una sobrecama para el Santo Sepulcro9:

Mando a la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús para el Santo Sepulcro una sobrecama que tengo encarnada y palica, y que se le dé a su Mayordomo luego que yo fallezca. Mando a Nuestra Señora de la Soledad una barquina y un jubón de chamelote negro y un manto de repemado y se le dé luego que yo fallezca. Mando a Nuestra Señora del Rosario un bestido carmesí que se entiende pollera y jubón y que se entregue a su Maiordomo luego que yo fallezca. Mando para la imagen de la Magdalena un tapapies de armesí verde y una armilla de seda blanca y negra y una camisa de seda negra, y se le dé luego que yo fallezca”.

Jerónima de León manifestó la gran veneración que profesaba a la imagen del Santo Sepulcro, no solo con el anterior donativo, pues también solicitó en este codicilo al escribano que estaba recogiendo su última voluntad, que dejara constancia de la siguiente oración, que contiene una referencia expresa al Sermón del Descendimiento, que es otro indicador más de la antigua y arraigada devoción que todos los mencianos siempre han tenido al Santo Sepulcro:

Pido al presente escrivano escriva y siente en él la oración de la Savana Santa diziendo así= Dios que nos dejaste las señales de tu Pasión en la Sabana Santa en la qual fue enbuelto tu cuerpo Santísimo, quando por Josep fue bajado de la Cruz, concédenos piadosisimo Señor que por tu muerte y sepultura seamos llevados a la Gloria de la Resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos, Amen”.

Hemos de tener presente que estamos en un momento histórico en que lo religioso estaba muy presente en las casas particulares, en la intimidad de las familias, donde los mencianos tenían oratorios particulares y multitud de ornamentos e imágenes religiosas, que reflejan sus devociones más queridas. Entre ellas se encuentra la devoción al Santo Sepulcro y el Descendimiento, como resulta del inventario de bienes del matrimonio formado por Juan Bautista Gallego y Antonia de Vera, fechado en 166810, se relacionan varios cuadros entre los que se incluye uno del Descendimiento:

Zinco quadros, los dos de la Imagen de la Sancta Verónica y los otros dos de la Imagen de Nuestra Señora del Rosario, Nuestro Señor Jesucristo y Descendimiento de la Cruz algo maltratados, pequeños […] Otro quadro de la Ymagen de Nra Sra de el Carmen pequeño”.

Igual sucede con el inventario y valoración de bienes de Francisco López de Alcalá11, que fue realizado en 1668, y que también era antepasado de don Juan Valera Alcalá Galiano, donde aparece otro cuadro con la escena del Descendimiento:

Un rostro de Nuestra Señora del Carmen en seis reales. Un ángel de papelón un real […] Un quadro de la Ymagen de Nuestra Señora de la embajada del ángel San Gabriel en zien reales que valen tres mill y quatrocientos mrs. Otro quadro de la Ymagen de Señor San Luis Rey de Francia en veinte y quatro reales que valen tres mil digo ochocientos y diez y seis mrs. Otro quadro de la Ymagen de mi Señora Sancta Ana en zien reales que valen tres mill y quatrocientos mrs. Otro quadro de la hechura de Señor San Gerónimo en cien reales que valen tres mill y quatrocientos mrs

Otro quadro de la ymagen de Nuestro Señor Jesucristo del Descendimiento de la Cruz en ochenta reales que valen dos mill sietecientos y veinte mrs”.

EL SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS Y EL DESCENDIMIENTO

Al impregnarse los desfiles procesionales con la estética barroca, alcanzaron gran auge los sermones y representaciones de escenas de la Pasión, en los que además de varias imágenes penitenciales, participaban figuras bíblicas y los pregoneros o «resaores», que narraban la escena que se estaba interpretando, cuyo texto a pesar de los avatares históricos se ha conservado12. Los pregones podemos incluirlos dentro de la categoría de las saetas llanas o primitivas, especialmente vinculados con los dramas sacros de la Pasión y Vía Crucis. Al respecto cito el trabajo de Agustín Aguilar y Tejera, publicado en Madrid en 1928 y titulado Saetas Populares:

“En las ceremonias populares que por Semana Santa se practican en casi todos los pueblos españoles quedan rastros de los dramas religiosos de la Edad Medía […]. Es muy posible que en los misterios se intercalasen fragmentos cantados y que en ellos pueda encontrarse el germen de las saetas”.

Por tanto los pregones están especialmente vinculados a los Autos de Pasión, y a la presencia de figuras bíblicas en los desfiles procesionales, formando un todo. Tenían por objeto hacer más asequibles los dogmas de la religión, y complementaban las historias narrativas contenidas en muros, vidrieras, bóvedas, tímpanos, capiteles, o retablos. Facilitaban su enseñanza, pues su contenido se podía comunicar mejor con el lenguaje hablado y montajes escénicos de los referidos Autos de Pasión.

El Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, era junto con el Sermón del Mandato y el Sermón del Paso, los Autos de Pasión que se representaban durante la Semana Santa de Doña Mencía13. Tenía lugar en la capilla mayor de la Iglesia Dominicana14, y era previo al comienzo de la estación de penitencia de la noche del Viernes Santo. Su fin básico era el didáctico, y frente a las teorías protestantes, pretendía enseñar con recursos visuales, al proceder al desenclavamiento y traslado de la imagen del Jesús por dos vecinos que representaban a los Santos Varones, que una vez que Cristo muere en la Cruz su dimensión divina sigue unida tanto a su cuerpo, llagado por la Pasión y enterrado en el Sepulcro, como a su alma, aunque cuerpo y alma estuvieran separadas.

La imagen del Santo Sepulcro estaba especialmente preparada para participar en la ceremonia del Descendimiento al tener sus brazos articulados. No sabemos la fecha exacta de su adquisición por la cofradía, aunque en 1996 se emitió un informe técnico por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, que al referirse a su policromía, señala la falta de correspondencia entre los estratos pictóricos del cuerpo y los de los brazos, por ser estos últimos posteriores a la ejecución de la obra, puesto que entre las distintas policromías que tiene la efigie, solo existe igualad entre las dos últimas. Este documento nos hace saber que su autor es anónimo y su fecha el siglo XVII. Pienso que sobre la base del dato anterior, no seria de extrañar en en origen fuera un Crucificado que estuviera en la iglesia conventual, que posteriormente se modificó para la ceremonia del Descendimiento.

A continuación transcribimos algunos de los pregones que corresponden que desde tiempo inmemorial se cantan durante el Descendimiento:

«José el de Arimatea

el letrado de la fama

el más liberal y rico

de Jerusalén la santa

el que fue a favor de Cristo

cuando la nación judaica

porque había visto hacer

una sin razón tan clara

era liberal y rico

de pensamientos humanos

al ver la muerte de Cristo

se quedó maravillado

y asimismo se decía

melancólico y turbado

entendimiento en que piensas

memoria que estas dudando

voluntad en que te empleas

que es esto que está pasando

serafines y profetas

que tenéis profetizado

ese espantoso prodigio

ese prodigioso espanto

salid del Limbo y veréis

a ese Dios muerto en un palo

que es el precio y la moneda

con que vino a rescatarnos»

Durante el Siglo XVIII las autoridades políticas y religiosas, van a ser muy críticas con todas las manifestaciones de religiosidad popular organizadas por las cofradías y hermandades, al considerarlas como limitadas a lo externo y formal, siendo objeto por ello de control o prohibición. Como señala Álvarez Santalo, ambas instancias cooperan con la finalidad de «racionalizar y purificar la religión popular de su enorme ganga de conductas tópicas, supersticiones, formalistas y aberrantes»15.

Con respecto a las procesiones de Semana Santa, desde su nacimiento a mediados del siglo XVI y durante todo el siglo XVII, se fueron impregnando de elementos estéticos barrocos, que deslumbraban por su vistosidad y boato, debido a la multitud de elementos ornamentales que los hacían esplendorosos, que habían puesto fin a la sobriedad que las caracterizaba a finales del siglo XVI16.

Aranda Doncel nos hace saber que durante el siglo XVIII, la mitra cordobesa es ocupada por representantes del espíritu jansenista, contrario al barroquismo que había impregnado los desfiles penitenciales, y partidario de la sobriedad y austeridad en todas las celebraciones religiosas. Así en 1744 el obispo Miguel Vicente Cebrián, publicó por medio de un Edicto unas normas que regulan con carácter restrictivo las procesiones de Semana Santa, y se prohíben las representaciones de personajes bíblicos y escenas de la Pasión17.

En síntesis se reglamenta del modo siguiente: prohibición de las representaciones de personajes bíblicos y escenas de la Pasión, y se especifica cual ha de ser el hábito que llevarían los cofrades; se impide la al terminar las procesiones los mayordomos dieran refrigerios o “convites” a los cofrades; se señala el comienzo y señal de los desfiles será siempre de día; el horario de apertura y cierre de iglesias y ermitas también será diurno, para evitar los excesos de las celebraciones nocturnas; se impide a las mujeres hacer penitencia; y se determinan cuales iban a ser permitidas18.

Procede plantear la vigencia en Doña Mencía de estas normas, prohibitivas de unas manifestaciones de religiosidad popular que gozaban de mucho apoyo popular en las que participaba un elevado número de vecinos de todos los sectores sociales. En la documentación que se conserva en la parroquia de Nuestra Señora de Consolación, se encuentra un ejemplar del referido Edicto, y en su dorso se indica que se habría de leer dos días antes del comienzo de la Semana Santa. Y en el Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía, existe otro testimonio de en 1769, que acredita que se hizo saber a la Corporación Municipal las normas restrictivas que sobre procesiones dictaron los titulares de la silla de Osio desde la segunda mitad del siglo XVIII19:

La Junta Municipal de propios del Concejo de esta villa que aquí firmamos mandamos se abonen […] otros doce reales a Francisco Capilla en el día diez y seis de marzo por la entrega que hizo de dos reales Proviciones, la una sobre que las procesiones de Semana Santa y demás que se hicieran en el año esten de buelta en las Yglesias donde salieron a las oraciones”.

Teniendo en cuenta el singular estatuto jurídico de la parroquia de Nuestra Señora de Consolación, que de hecho era una jurisdicción quasi-exenta de la mitra cordobesa, podemos pensar que estas normas no se aplicaron de forma plena, manteniéndose las manifestaciones de religiosidad popular de corte barroco, como a continuación veremos. Pero sobre este particular no me puedo pronunciar con total seguridad, pues sería una temeridad por mi parte hacer algún tipo de afirmación sobre un tema relevante, sin haber podido acceder a la documentación de cofradías coetáneas a esta época, cuyo paradero ignoro en este momento20.

En apoyo de la tesis expuesta, aportamos el testimonio fechado el 16 de septiembre de 1761, del donativo efectuado por don Fernando Martín de Lisea a Vicente Jiménez, como mayordomo de la cofradía del Santo Sepulcro, y cuyo importe era de 14 reales de vellón para comprar sábanas para el Santo Sepulcro, que podrían ser utilizadas en el Descendimiento. Hemos de tener presente que el donante era corregidor y abogado de los Reales Consejos, y por lo tanto conocedor y responsable de que se llevara a la práctica las normas prohibitivas que hemos señalado:

Digo yo Vizente Jimenez, como maiordomo que soi de la Hermadad y cofradía del Entierro de Christo de esta Villa, que e recivido para ayuda a comprar savanas para el Santo Sepulcro catorce reales de vellón, del Sor Lizenziado Dn Fernando Martín de Lisea, Abogado de los Rreales Consejos y Correjidor desta Villa; los mismo que a dado de limosna para dicha Cofradía, que le an pertenecido a su causa, y para que conste, doi este recibo que por no saber firmar lo hara por mi un testigo que lo son presentes, Dn Pedro Cubero Roldán, y Dn Andrés Gallardo, vecinos desta Villa de Dª Mencía”.

Mucho más relevante para analizar el Sermón del Descendimiento en el contexto que estamos describiendo, es la documentación recogida en una querella formulada por don Juan Cubero Ortiz de Córdoba, en calidad de mayordomo de la cofradía del Santo Sepulcro en 1775, contra don Julián Torralba, que desempeñaba el cargo de guarda mayor de Rentas Provinciales en esta localidad cordobesa21.

Su razón de ser es algo que hoy nos puede parecer algo insignificante y sin fundamento, pero que no lo era en la sociedad estamental y jerarquizada del Antiguo Régimen, en la que tenía mucha importancia social el ocupar los asientos preferentes en la iglesia conventual22, en un día tan señalado como por entonces era el Viernes Santo, que formaba parte del grupo de festividades a las que debían asistir todos los miembros de la Corporación Municipal vestidos de negro, siendo obligada su presencia salvo por enfermedad o ausencia de la localidad, pues en caso contrario le sería impuesta una multa de 1.000 maravedís, que serían destinados a sufragar los gastos de las fiestas del Corpus Christi y su Octava:

«Los días precisos de asistencia y con vestidos de negro, acordaron que desde oy en adelante precisamente, no auiendo enfermedad o hallándose fuera de esta Uilla, dichos Señores y demás personas an de asistir a las funciones de Yglesia siguientes: día de año Nuevo, día de la Purificación de Nra. Señora; día en que se hiziere la publicación de la Sta. Bulla, el Miércoles de zeniza, Domingo de Ramos, Jueues y Biernes Sto, Domingo de Pasqua de Resureczión, día de Sr Sn Pedro Mártir, día de la Ascensión del Señor, día del Corpus, la octaua del Corpus, la Asunzión de Nra Señora, la Natiuidad de Nra Señora, día que se celebra la Fiesta de Nro Padre Jesús, Nra Señora del Rosario, la Concepzión de Nra Señora; y en estos días que se an referido, dichos Señores Conzejo acordaron que asista como dicho es de negro, y que la persona que faltare en qualquiera de ellos no auiendo motibos arriba referidos de ausencia o enfermedad, se le saque por los Señores Juezes mill mrs indefectiblemente por bia de castigo, que entren en el arca del Santísimo Sacramento«.

La disputa se refiere a hechos ocurridos en el interior de la parroquia el 14 de abril de 1775, que era Viernes Santo, cuando iba a comenzar el Sermón del Descendimiento y durante la procesión del Santo Entierro. Ese día, don Julián Torralba ocupó sin estar autorizado un asiento entre los reservados en la capilla mayor para los invitados del querellante, que además de mayordomo era regidor del Cabildo Municipal. Asimismo despreció a don Juan Cubero Ortiz por no aceptar la vela que como hermano mayor le ofreció para la procesión:

antizipándose el Dn Julián a thomar asiento, en los escaños determinados para los conbidados por el Hermano Maior de la Cofradía o Hermandad del Entierro de Christo, y no aviendolo el sido, ocupó el superior lugar, authorizandose con el fin de no ver el penoso disgusto que con tan ymprudente y extraña aczion pudo originarse […] denigro, digo trato de denigrar mi conozido estado tan notorio por mi nacimiento, como por los empleos que están a mi cargo, y ygualmente hizo ynjuria en mi a toda la Cofradía y Hermandad, porque en el reparto de zera, prozedía yo como Hermano Maior en nombre de ella: tanvien esta qualificado el menzionado delito con la zircunstancia que le agrava no solo de público agravio por razón del grande numero de personas que le presenzio, sino es por el sitio, día u ocasión en que fue cometido, porque fue en la Yglesia en que se desprezio tan Santa Casa que no tiene otro destino que el orar y pedir a Dios Día Viernes Santo y ocasión en que acavava de Predicarse la Pasión de Nro Redentor”.

En este procedimiento judicial, se acordó la práctica de una serie de pruebas para tener un conocimiento más completo de los hechos que había de enjuiciar, y entre ellas destaca la de testigos, que depusieron a instancia de ambas partes.

En primer lugar declararon los propuestos por don Juan Cubero Ortiz de Córdoba, que se manifestaron en los términos siguientes: que la cofradía del Entierro de Cristo entraba formada en la iglesia conventual antes de comenzar el Sermón del Descendimiento; que este acto tenía lugar en la capilla mayor, donde se reservaban unos asientos para los miembros del cabildo municipal23 y otras personas de relevancia social, y todos eran invitados por el hermano mayor; por último, el elevado importante el número de vecinos que concurrían a este acto, lo que pone de manifiesto la pujanza y vitalidad de la Semana Santa en Doña Mencía durante el Siglo XVIII24.

Para un enjuiciamiento más exacto de los hechos, el Fiscal del Consejo de Castilla acordó traer a la causa los testigos propuestos por el querellado don Julián Torralba, a quienes se les formuló la siguiente pregunta, que nos permite conocer importantes datos sobre esta hermandad penitencial durante el Siglo XVIII:

Que práctica y que estilo se observa en la función annual del Santo Entierro; por quien y con que autoridades, como se celebró la del Viernes Sto próximo pasado a catorce de abril, y por quien: que se debe executar en ella según practica con todo el Pueblo, y especialmente con los vecinos de maior distinción: en que se falto a Torralba en esta función: como proceden los no combidados a ella: que asiento guardan en la Yglesia: que sufragio llevan: como se portó Torralba en dicha festibidad, y día citado ¿qué sucedió entre él y Cubero su querellante?; esto es que palabras yntervinieron; con que modo; y semblantes, y que pudo resultar de esto, porque Dn Julián llevo tres velas a la función, y o una sola digan y den razón”.

Fue contestada por los siguientes vecinos de cierta relevancia social: Gregorio Valera, que era clérigo diácono; Francisco Pérez de Castro, clérigo de menores órdenes; don Tomás de Alcalá Galiano Flores y Calderón, capitán del Regimiento de Infantería de Sevilla, y otro antepasado de don Juan Valera; por último, don Jacinto de Vera y Tienda25.

Su testimonio refleja que la antipatía personal entre las partes en litigio determinó el conflicto, así como que no había asientos reservados en la capilla mayor para nadie. Pero el dato más importante que nos hacen saber, reiterado también por los propuestos por el querellado y los religiosos dominicos, es que la cofradía del Entierro de Cristo no tenía existencia jurídica como tal por no tener aprobados sus estatutos26, sin perjuicio que de hecho existiera un culto muy antiguo a la imagen del Santo Sepulcro encauzado a través de un grupo de personas que estaban organizadas bajo el título de la citada cofradía27.

Pero con las diligencias judiciales practicadas, el Consejo de Castilla todavía no tenía conocimiento exacto de algunos extremos, que eran precisos determinar para dictar la resolución procedente. Por tanto, don Manuel Sánchez Serrano, en calidad de juez comisionado, acordó que también declarase el prior del convento de Santo Domingo. Se pretendía que informase, sobre sí estaba formalmente constituida como tal la cofradía, así como sí se reservaban los asientos más próximos a la capilla mayor, a determinadas personas de cierta relevancia social.

El prelado era fray Diego de Montes, quien llamó a los dos religiosos curas, que el día de los hechos habían estado encargados de todas las funciones religiosas de Semana Santa. Declararon fray Fernando Espinosa y fray Jacinto Jiménez, los cuales manifestaron que eran varias las funciones que se celebraban en Semana Santa, pero que no existía la cofradía del Santo Sepulcro formalmente constituida como tal, ni ante la autoridad apostólica, ni ante el obispo de Córdoba.

Sin embargo, era muy antigua devoción la devoción a la imagen titular de esta hermandad, y todos los años una persona se encargaba de organizar Sermón del Descendimiento, y la procesión del Santo Sepulcro, invitando a determinadas personas, y repartía cera entre ellos. Sin embargo, algunos vecinos se traían su propia cera, y no había asientos reservados para nadie, y el Jueves Santo era la Vera Cruz quien celebraba su función del Sermón del Mandato, y que por ello traía sus propias sillas:

Fray Diego de Montes, Prior y Rector con facultad pontificia para nombrar Curas Thenientes, estando en la Celda de dicho Rmo Pe hizo llamar a los Rvdos Padres Curas actuales, que lo son el Padre Fray Fernando Espinosa y el Padre Fray Jacinto Ximenez, y estando todos juntos en referida Celda, yo el Escribano les hize notorio el contenido del Auto Antecedente, quienes enterados de el dijeron: que en dicha Yglesia Parrochial como única Yglesia se haze la función entre otras la del Santo Entierro de Christo, y que no saven sea Ermandad constituida con autoridad apostólica, ni ordinaria, que es solo una devozion antiguada en esta Villa: y que sus vezinos, que el que quiere se encarga a hacer y disponer este Sto. Culto combidando a las personas que quiera y son de su voluntad, y que sin embargo en dicha función concurren todas las demás personas que quieran, con la distinción que el encargado les da cera a los combidados y a los demás, y muchos las traen de sus casas; y en quanto a escaños, además de los que ay en la Yglesia para el día Juebes, se traen otros particulares, que sirven para los oficios de dicho día, y Ermandad de Vera Cruz, y se quedan en dicha Yglesia, y todos sirven en el Viernes Santo, y los que están en el cuerpo de la Yglesia no tienen preeminencia alguna, y que ignoran que al repartimiento de la cera huviera avido algún escándalo en ella, pues hallándose dicho Rmo. Pe Por en la Yglesia, y vestido para dicha función el citado en la puerta de la Sacristía, el citado Pe Fr Fernando Espinosa no oyeron ni advirtieron ruido ni escándalo alguno en dicha Yglesia, que pudiese turvar la devoción, de cuya particular no puede decir el citado Pe Fr Jacinto Ximenez por no averse allado en la Yglesia en citada ocasión por estar dentro del Combento, pero que no oyó a los que entraban y salían cosa alguna, y es quanto pueden informar sobre el referido asunto”.

CONCLUSIONES

El Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento ha seguido estando presente en la Semana Santa de Doña Mencía hasta la actualidad, cuestión que ya hemos analizado en el libro titulado Historia de la Semana Santa de Doña Mencía 1800-200528, aunque más adelante abordaremos en un estudio específico del Descendimiento desde finales del siglo XVIII hasta el momento actual.

Lo dicho a pesar de los avatares de la historia, entre los que destaca en incendio de la parroquia de Nuestra Señora de Consolación en la noche del 13 al 14 de septiembre de 1932, que causó su completa destrucción de las imágenes y enseres que había en su interior. Por suerte, la del Santo Sepulcro estaba en un domicilio particular y eso evitó su destrucción, siendo uno de los pocos testimonios artísticos de valor que se conservan en Doña Mencía.

El presente trabajo de investigación, pretende con humildad realizar una puesta en valor de las tradiciones e historia de la Semana Santa de Doña Mencía, y en especial de la cofradía del Santo Sepulcro y María Santísima del Amor, y por lo tanto de su patrimonio cultural, que lo podemos definir como grupo de elementos naturales o culturales, que han sido heredados del pasado o han nacido en el momento actual, y donde un determinado grupo de individuos reconocen sus señas de identidad.

Además de su importante dimensión religiosa que no me corresponde analizar, es evidente que esa riqueza patrimonial debe ser ampliada, mejorada y destinada para conseguir una rentabilidad social, económica y cultural. Su puesta en valor se convierte en un elemento dinamizador y potenciador de las señas propias de Doña Mencía, debiéndose conservar su cultura y tradiciones como valores identificativos y diferenciadores, pues como señalaba el historiador don Antonio Domínguez Ortiz, ningún grupo humano mantiene su propia identidad sí desprecia su pasado al olvidar sus tradiciones. Esta idea es de gran importancia en la actualidad, pues muchas veces el proceso de “globalización” en que se halla inmersa la sociedad, nos lleva a cierta uniformidad en cuanto a las formas y comportamientos colectivos en las fiestas religiosas, adoptándose un modelo estético que es ajeno a nuestras tradiciones, situación que se da en la actualidad con el modelo “sevillano”.

Sobre este particular, debemos tener muy presente que a partir de mediados del Siglo XIX, se configuró en la ciudad de Sevilla un modelo de desfiles penitenciales, que por desgracia se ha convertido en la única referencia «de perfección y belleza» con todo lo relacionado con la Semana Santa. Ha sido adoptado fervorosamente en muchas localidades andaluzas como suyo propio, dando lugar una homogeneización y empobrecimiento de esta manifestación de religiosidad popular, al olvidarse las tradiciones más seculares de muchos pueblos y ciudades. Se caracteriza por la consolidación de las túnicas de nazarenos como vestimenta exclusiva para quienes participan en la procesión, excluyéndose los personajes bíblicos. Como señala Moreno Navarro, la moda de las caracterizaciones de figuras bíblicas no prosperó en la ciudad hispalense, a pesar de que algunos años participaron en ellas, pues se consideró que ponerse las largas barbas blancas de los profetas del Antiguo Testamento, era un disfraz demasiado evidente, que no se ajustaba al gusto local29. No me cabe la menor duda, que si se hubiera adoptado en esa ciudad la citada estética, en casi toda Andalucía se habría desatado una competencia «feroz» por sacar el mayor número de figuras bíblicas con sus martirios y rostrillos.

Por todo lo expuesto, pienso que Doña Mencía debe poner en valor aquellos elementos más singulares que le son propios en cuanto a manifestaciones de religiosidad popular se refiere, siendo la ceremonia del Descendimiento uno de los ejemplos más elocuentes.

En los últimos años la cofradía del Santo Sepulcro y María Santísima del Amor, ha realizado un importante trabajo para dar más realce al Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, consiguiendo que este acto sea uno de los más concurridos de la Semana Santa de Doña Mencía. En primer lugar, se ha conservado los elementos que le son más característicos: la presencia de figuras bíblicas de José de Arimatea y Nicodemo, los pregoneros narrando la dramática escena del Descendimiento y Evangelistas dando fe de lo que estaba sucediendo. Asimismo, participa una capilla de música, se ha vuelto a rezar la oración de la Sábana Santa que Jerónima León dejo en su última voluntad, y se tiene previsto incorporar las figuras bíblicas de las Tres Marías, que luego participarían en la posterior estación de penitencia.

1En todos los trabajos que he realizado sobre estudios de religiosidad popular en Doña Mencía desde el año 2001, reflejo esta idea, que pueden consultar en mi web www.juanvalera.org,

2ARANDA DONCEL, J.: Las cofradías del Santo Entierro en la Diócesis de Córdoba durante los siglos XVI al XIX. en Actas del Tercer Encuentro para el estuido cofradiero: En torno al Santo Sepulcro. Zamora 1995, pp. 141 y ss.

3Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Protocolos Notariales Doña Mencía. Escribano: Melchor Rojano. Año: 1605, Legajo 7906 fol. 52 recto.

4Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Protocolos Notariales de Doña Mencía. Escribano: Miguel de Aguilar. Año: 1622. Legajo 7914, sin foliar.

5 Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía. Documentos Civiles, Caja 181.

6 Archivo Histórico Nacional. Órdenes Militares. Santiago. Legadjo 234. Expediente de don Juan José de Alcalá Galiano Benegas de Saabedra.

7 SÁNCHEZ MOHEDANO, G.: “Don Juan Valera y Doña Mencía”, publicada por primera vez en 1948 y reeditada en el 2001, y refleja que aunque don Juan Valera no nación en Doña Mencía, su familia era natural de esta población, y en buena parte de sus obras tienen como referencias lugares o personajes mencianos. SÁNCHEZ ROMERO, C.: “Doña Mencía, el pueblo de don Juan Valera” Doña Mencía 2005. Su autor que es hijo de Gregorio Sánchez Mohedano aporta datos y razona la especial vinculación entre don Juan Valera y Doña Mencía.

8 Evangelio de San Lucas, Capítulo II (43-50).

9 Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Protocolos Notariales de Doña Mencía. Escribano: Mateo Gómez Moreno. Año: 1683. Legajo 7950, folio 181 vuelto.

10 Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía. Documentos Civiles, Caja 178.

11 Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía. Documentos Civiles. Caja 180.

12 MELGAR REINA, L y MARÍN RUJULA, A.: Saetas, pregones y romances litúrgicos cordobeses. Córdoba 1987. En este libro se recogen los correspondientes a Pozoblanco, Montoro, Puente Genil, Castro del Río, Baena, Cabra, Doña Mencía e Iznajar, guardando todos ellos un notable parecido.

13 CANTERO MUÑOZ, A.: Una tradición en auge: la presencia de figuras bíblicas en los desfiles procesionales. En Motril Cofrade 2003, pp. 43-51.

14 CANTERO MUÑOZ, A.: “Religiosidad Popular y Semana Santa en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía Siglos XVI-XVIII”. Córdoba 2003 pp. 205-211.

15 ÁLVAREZ SANTALO, C.: Control y razón: La religiosidad popular en el Siglo XVIII. En Las Cofradías en el siglo de las crisis. Sevilla 1991, p. 21.

16 ARANDA DONCEL, J.: Trayectoria histórica de la Semana Santa de Córdoba. En La Pasión de Córdoba, Tomo I, p. 32.

17 ARANDA DONCEL, J. Ilustración y religiosidad popular en la Diócesis de Córdoba: La actitud de los Obispos frente a las celebraciones de Semana Santa (1743-1820). En Actas Primer Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa. Zamora 1987, pp. 305-318.

18 ARANDA DONCEL, J.: Ilustración y religiosidad popular en la Diócesis de Córdoba: la actitud de los obispos frente a las celebraciones de Semana Santa. En Actas Primer Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa. Zamora 1987, pp. 305-318.

19 Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía. Propios, Caja 75.

20 Existe constancia de la existencia de una parte de la documentación originaria de la cofradía de Jesús Nazareno fechada a partir de 1711, que aunque no se vio afectada por el incendio de la parroquia en 1932, en este momento desconocemos su paradero. Así aparece reflejado en la revista Guía correspondiente a marzo de 1959, donde un miembro de la familia Vergara, a cuyo cargo estaba por entonces esta hermandad, exhibe la citada documentación a la persona que le formula una serie de preguntas sobre su historia.

21 Archivo Histórico Nacional. Consejos, Legajo 643. Mientras que no hagamos alguna cita expresa, todas las que se refieran al Descendimiento y el Santo Sepulcro, forman parte de este documento. Juan Aranda Doncel ha publicado en La Pasión de Córdoba (Tomo V), y en el capítulo referente a Doña Mencía, parte de la querella formulada, pero no indica el archivo de su procedencia.

22 CANTERO MUÑOZ, A.: “Religiosidad Popular y Semana Santa en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía. Siglos XVI-XVIII”. Córdoba 2003. En la capilla mayor existía un sitio reservado para los miembros del cabildo municipal, que tenía obligación de asistir a las festividades religiosas más importantes.

23 CANTERO MUÑOZ, A.: “Religiosidad Popular y Semana Santa en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía, Siglos XVI-XVIII. Córdoba 2003 pp. 160-161: Podemos aportar un testimonio que acredita el pago 30 reales de vellón al carpintero Juan de Navas, que fueron satisfechos por el Ayuntamiento de Doña Mencía por la realización de un banco de madera de pino para que le sirviera de asiento en la capilla mayor: “Por la presente, mandamos nos el Cauildo y Regimiento desta uilla de Dª Mencía, a Gabriel Rodríguez Maioano, rreceptor de los propios del, que luego que conste nro libramiento sea requerido por parte de Joan de Navas, vecino della y maestro de carpintero en ella, lo de y pague treinta rreales, los mesmos que al susodicho se le deuen por rracon del trauajo que a tenido en auer hecho un escaño de pino con tress piess para el asiento de dicho Cauildo en la Iglesia Mayor desta dicha uilla, que es la cantidad a la que se a justado con dicho Juan de Nauass, que conste nro libramiento y rrecibo de el susodicho, serán uien dados y pagados, y se le reciuiran en quenta en las que dieren de nro Cauildo, así lo tenemos y mandando por cauildo que conoemos a sido celebbrado ante el infraescrito escribano, fho en la uilla de Dª Mencía en treinta y un diass del mess de octubre de mill y seiscientos setenta y ocho años”.

24 Trascribimos la declaración de Jerónimo López, que nos ilustra sobre este acto religioso: “es cierto que en la tarde del día catorce del corriente mes, Viernes Sto, al tiempo de entrar la Hermandad del Sto. Entierro en la Yglesia Parrochial de esta Villa para oyr el Sermón del Descendimiento, vido que Dn Julián de Torralba […] estaba sentado en el primer escaño de lo alto, contiguo a los de Cavildo de los que el Hermano mayor de citada Hermandad tenia prebenidos para que se sentasen las personas combidadas que asistiesen a dicho Sto. Entierro, en cuio sitio estubo oiendo el Sermón el dicho Dn Julián, y algún rato después, y llegada la ora de salir la procesión de dicho Sto. Entierro, vido asimismo el testigo que el ante dicho Dn Juan Cuvero Ortiz salió a la Yglesia a repartir la cera a las nominadas personas combidadas, como Hermano Mayor que es de esta Hermandad […] por el mucho concurso que avia en dicha Yglesia y asistir a el referido notoria circunstancias, y que consiguiente a esto vido también el declarante que en dicho Sto. Entierro fue dicho Torralba con las dichas tres velas en la mano hasta volber a dicha Yglesia”.

25 CANTERO MUÑOZ, A.: Un monumento funerario en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía. En Actas III Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Moderna Tomo IV pp. 301-311. Don Jacinto de Vera y Tienda era una persona de indudable relevancia social de la época, y era un representante de la nueva burguesía que poco a poco iba desplazando a la nobleza en la cúspide de la sociedad. Se mando enterrar en el monumento funerario que mando construir en la puerta de la nave de la Epístola y cuyos restos aun se conservan.

26 CANTERO MUÑOZ, A.: Conflicto entre las ideas racionalistas de la Ilustración y las manifestaciones de religiosidad popular. La suspensión de las cofradías de Trujillo a finales del siglo XVIII. En Actas XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura, Badajoz 2005, pp. 97-113.

27 Don Tomás de Alcalá Galiano Flores y Calderón, hermano del marqués de la Paniega, manifestó lo siguiente: “Que no ay Cofradía ni Ermandad para el Santo Entierro de Christo, ni bancas en la Yglesia de preferencia porque en ellos, y su festividad se sienta el que es combidado, y quien no lo es sin distinción: que en la que se celebró el día catorze de Abril de este año, porque guardando Cubero su encono y mala voluntad, no combido a Torralba como debía y se hizo siempre, hizo este lo que hizieron y hazen los no combidados a dicha función, que es llevar el sufragio que en ella se reparten a los combidados con la prevención precisa para sus dos dependientes […] y acudiendo Torralba a recibir la vela que como encargado en dicha función repartía Cubero, pudiera pensar este que no la devoción, sino el interés de la vela le avia movido a entrar en función a que no era llamado; o que dexando de asistir en día tan santo, y a la Yglesia de su celebridad única y sola en este pueblo, se sospechase mal de su carácter christiano”.

28 Fue publicado en Doña Mencía en el año 2005, con motivo del XXV Aniversario de la fundación de la cofradía del Santísimo Cristo de la Columna de Doña Mencía,: http://juanvalera.org/religiosidad-popular-y-semana-santa-en-dona-mencia-historia-de-la-semana-santa-de-dona-mencia-1800-2005/

29 MORENO NAVARRO, I.: “La Semana Santa de Sevilla. Confirmación, mixtificación y significaciones. 4ª edición, Sevilla 1999, pp. 130-135.

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